El azote de la Arial

Nota publicada en la revista El Malpensante. La original aquí.

Breviario: El azote de la Arial

 

La Arial está en todas partes. Si no sabes lo que es, será porque no utilizas un computador. La Arial es una fuente que le es familiar a cualquiera que use productos Microsoft, sea con PC o Mac. Se ha difundido como un virus por el paisaje tipográfico e ilustra la penetrante influencia de Microsoft en el mundo.

La omnipresencia de la Arial no se debe a su belleza; realmente es bastante fea, lo cual no quiere decir que ésa sea una característica mala en una tipografía: el carácter y la historia son tan importantes como la belleza. La Arial, sin embargo, tiene una historia bastante dudosa y poco carácter. De hecho, la Arial es poco más que un impostor sin vergüenza.

Durante la segunda parte de siglo XX uno de los tipos más populares en el mundo occidental fue la Helvetica, desarrollada por la fundición Haas de Suiza en los años cincuenta. Más tarde Haas se unió con Linotype y se promovió intensamente la Helvetica. Se añadieron más variantes y empezó a ganar en popularidad.
Ícono de la escuela suiza de tipografía, la Helvetica se difundió por el mundo del diseño durante los años sesenta y llegó a ser sinónimo de las actitudes modernas, progresistas y cosmopolitas. Con su apariencia amable y feliz y sus líneas limpias, fue alabada durante un tiempo, tanto por el mundo corporativo como el del diseño, como una fuente casi perfecta que se podía usar para todo. “En caso de duda, utiliza la Helvetica” fue una regla general.
Conforme se iba integrando en la vida cotidiana en los años setenta, muchos diseñadores se cansaron de ella y surgieron otras modas tipográficas, pero para entonces ya había llegado a ser una fuente básica para el diseño y la edición cotidianos. Entonces, cuando a principios de los ochenta Adobe desarrolló el lenguaje PostScript, no fue una gran sorpresa que incluyeran la Helvetica (junto a la Times, la Courier y la Symbol) como una de las fuentes básicas en cada intérprete de PostScript que vendían. Adobe compró la licencia de las fuentes de las fundiciones originales, mostrando su respeto y apreciación por la integridad del tipo, las fundiciones y los diseñadores de tipos. Quizá se dieron cuenta de que si hubieran utilizado copias de las fuentes populares la industria de las artes gráficas —un mercado clave— no las habría aceptado.
Para finales de los ochenta el fenómeno de la autoedición ya se había hecho enorme. Conducido por los programas de Macintosh como PageMaker y facilitado por el PostScript de Adobe, cualquiera podía hacer un trabajo editorial casi profesional con un computador personal relativamente barato.
Pero había un problema. Existían dos tipos de fuentes PostScript: Tipo 1 y Tipo 3. Las fuentes del Tipo 1 incluían “sugerencias” que mejoraban significativamente la calidad del producto final por encima de las del Tipo 3. Adobe difundía información sobre la producción de las fuentes del Tipo 3, pero guardaba los secretos de la tecnología superior del Tipo 1 para ellos mismos. Si querías tipografías del Tipo 1, Adobe era la única fuente. Cualquiera que quisiera hacer o vender fuentes tenía que conformarse con el formato inferior del Tipo 3. Adobe quería conservar el mercado de la gama alta para sí mismo. Para 1989 varias empresas estaban intentando descifrar el formato del Tipo 1 o desarrollar una alternativa. Apple y Microsoft firmaron un acuerdo para crear una alternativa a la tecnología de Adobe. Mientras Microsoft trabajaba en TrueImage, un lenguaje de descripción de página, Apple desarrolló el formato TrueType. TrueType era un formato más abierto y era compatible con PostScript, pero no dependía de él. Esto obligó a Adobe a sacar a la luz los secretos del Tipo 1 para salvarse de la irrelevancia.
Al mismo tiempo, se estaban desarrollando “clones” de PostScript para competir con Adobe. Estos programas, que funcionaban como el PostScript, normalmente se vendían con copias de las fuentes, ya que las originales eran propiedad de los socios de Adobe. Un clon de PostScript, vendido por Birmy, incluía un sustituto de la Helvetica desarrollada por Monotype llamado Arial.
La Arial parece ser una adaptación poco estricta de la venerable serie de la Grostesque de Monotype, rediseñada para aproximarse a las proporciones y pesos de la Helvetica. A primera vista se parece mucho a la Helvetica, pero de cerca varía en docenas de formas arbitrarias. Como tiene las mismas proporciones que la Helvetica, era posible sustituir automáticamente la Arial cuando un documento impreso en un clon de PostScript requería la Helvetica. Al ojo del público general era difícil notar la diferencia. Después de todo, la mayoría de la gente ni puede diferenciar entre una serifa y un palo seco. Pero para un diseñador profesional era como pedir liebre y recibir gato.
Lo realmente extraño de la Arial es que parece como si Monotype no quisiera hacer una copia directa de la Helvetica. Podían haberlo hecho sin ningún problema. Muchos fabricantes han hecho copias de la Helvetica en el pasado y eran indistinguibles de la original, o casi. En muchos países —en particular en Estados Unidos—, para bien o para mal, se puede proteger legalmente el nombre de una fuente pero es difícil proteger el diseño de la fuente en sí. Entonces, si querías comprar una máquina de fotocomposición y uno quería la Helvetica verdadera, tenía que comprar la máquina de Lynotipe. Si escogías comprar un equipo de Compugraphic, Am o Alphatype, no podías tener la Helvetica. En su lugar uno tenía o Triumvirate, o Helios, o Megaron, o Newton, o la que fuera. Cada fabricante de fotocomponedoras tenía su propia cuasi Helvetica. Es muy posible que la mayoría de las apariciones de la “Helvetica” de los años setenta realmente no fueran la Helvetica.
Ahora bien, Monotype era una fundición respetada con un pasado glorioso, y quizá la idea de ser asociado con los “piratas” de tipos fuera inaceptable para ellos. Entonces encontraron una manera de esquivar este dilema y desarrollaron un tipo “original” que por casualidad comparte las proporciones y las variantes exactas de otro tipo. Esto, para mí, es casi peor que una copia directa. Una copia, se puede decir, rinde homenaje (aunque no paga regalías) al original. La Arial, por el otro lado, finge ser diferente. De hecho dice: “¡No soy la Helvetica. Ni me parezco a la Helvetica!”, pero comparte sus funciones gustosamente. De hecho, no tiene ningún otro papel.
Cuando Microsoft hizo de TrueType el formato estándar de fuente para Windows 3.1, optaron por utilizar la Arial en vez de la Helvetica, probablemente porque era más barata y sabían que la mayoría de la gente no notaría la diferencia ni se preocuparía por ella. Apple también hizo estándar el TrueType al mismo tiempo pero ellos incluían la Helvetica, no la Arial, y le pagaron los derechos a Linotype. Windows 3.1 tuvo mucho éxito y por lo tanto ahora la Arial está en todas partes, un efecto secundario fruto del éxito de Microsoft y del deseo de evitar pagar los derechos de licencia.
La situación actual es que la Arial ha reemplazado a la Helvetica como la fuente estándar en casi todas las obras no profesionales de impresión, televisión y web, donde se ha convertido en la fuente estándar principalmente porque Microsoft la incluye con todo lo que vende, incluso para los Macs, que ya traen la Helvetica. El uso de la Arial para estos trabajos en la web no es muy importante, ya que, vista a través de la baja resolución de la pantalla, podría ser la Helvetica y no se notaría la diferencia. En todo caso, la Arial es una de las pocas opciones para trabajos en la web.
A pesar de su omnipresencia el diseñador profesional rara vez —por lo menos de momento— escoge la Arial. Para los diseñadores profesionales la Arial es una copia mala de una fuente que está pasada de moda. Tiene lo que se podría llamar un estigma de “gama baja”. Los pocos casos que he visto en los que un diseñador ha utilizado la Arial intencionalmente ha sido por insistencia del cliente. ¿Por qué? El cliente quería poder producir material él mismo que hiciera juego con su imagen corporativa y ya tenía la Arial, porque se incluye con Windows. Conforme con su pasado, se escoge la Arial porque es barata, no porque sea una fuente buena.
Hace mucho que no soy partidario de la Helvetica, pero el hecho es que la Helvetica se hizo popular gracias a sus propios méritos. La Arial debe su existencia a ese éxito pero es poco más que un parásito, y parece ser del tipo que destruye al huésped. Casi puedo oír a los diseñadores jóvenes decir: “¿La Helvetica? Es la fuente que se parece a la Arial, ¿no?”.
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